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Batalla de Navas de Tolosa La situación en la península Ibérica era bastante mala para los reinos cristianos, ya que los almohades habían unificado Al-Andalus y lanzado una ofensiva contra los reinos cristianos que estos, divididos, no supieron frenar (derrota de Alarcos en 1195). Viendo que si se seguía de esta forma se perderían todos los territorios conseguidos con anterioridad, los reinos cristianos decidieron unirse, a excepción del rey de León, Alfonso IX. El papa Inocencio III proclamó una cruzada, en la que numerosos nobles europeos se unieron, aparte de las diversas órdenes militares existentes en la península, como la de Calatrava. El problema fue que al decretar Alfonso VIII la prohibición de saqueo, numerosos soldados desertaron. En el verano de 1212 el ejército se puso en marcha desde Toledo y empezaron a avanzar hacia el sur cosechando éxitos como la conquista de Calatrava. El ejército cristiano contaba con 3.000 o 3.500 jinetes acorazados y cerca de 6.000 o 7.000 arqueros, piqueros y ballesteros. Los dos ejércitos se encontraron en las Navas de Tolosa. Tres días antes del combate, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII el Fuerte de Navarra comenzaron los preparativos al divisar desde el puerto de El Muradal a los destacamentos almohades.
El día 16 empezó la batalla. El ejército cristiano se dispuso en tres líneas para presentar batalla. En el campo almohade, el ejército dirigido por Al-Nasir tenía ventaja numérica. Al- Nasir desplegó en la vanguardia a los árabes y beréberes, en la segunda línea fueron dispuestos los voluntarios que habían venido de todo el reino y en la tercera fueron puestos los almohades. Detrás del ejército se encontraba Al-Nasir junto a los jefes y la guardia con un palenque de estacas y cadenas. La batalla empezó con el ataque de los cristianos que consiguieron perforar las dos primeras líneas musulmanas, pero los musulmanes replicaron y consiguieron romper la línea cristiana. La situación era crítica para los cristianos, Alfonso VIII decidió contraatacar a la desesperada y consiguió penetrar en el campo enemigo , provocando la desbandada y decidiendo la batalla más grande de la reconquista. Esta derrota supuso para los almohades la desaparición de su imperio y disgregación por tercera de vez de Al-Andalus en los reinos de taifas. Para los cristianos significó el mayor impulso conquistador de los reinos cristianos.En menos de 30 años la Corona de Aragón consiguió conquistar las Islas Baleares y el reino de Valencia, mientras que la Corona de Castilla conseguía conquistar Murcia y la Andalucía Bética. Paradójicamente, el primer beneficiado de esta victoria fue el rey de León Alfonso IX, que no había participado en ella, y que consiguió conquistar en 1227 Cáceres y en 1230 Mérida y Badajoz.
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